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Dios dividió las naciones

(P I)
La Era Edénica

            Dice la Escritura: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.  Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación” (Hch. 17:24-26).

La Biblia afirma que la humanidad está dividida en naciones, razas y lenguas, conforme a la voluntad de Dios, a fin de que pueda cumplirse su propósito para el hombre y la tierra.  El apóstol Pablo declaró que el Creador no sólo ocasionó esta separación, sino que creó fronteras para que así las naciones permanecieran divididas.

Uno de los enigmas aparentes de nuestro tiempo es por qué Dios dividió la raza humana en naciones, ya que un estimado de seiscientos millones de personas han muerto en las guerras que se han librado a lo largo de la historia, durante los pasados cinco mil años.  Por asombrosamente alta que parezca esta cifra, es sólo una parte de una historia vergonzosa.  A la pérdida de vidas debe añadirse la destrucción de ciudades, el daño a la propiedad, la carga de los impuestos sobre las multitudes para apoyar la guerra, los sufrimientos indescriptibles, el rompimiento de los hogares y la separación de los seres queridos.

Con todo lo lamentable que son estas crónicas de guerra, que retratan la falta de humanidad del hombre contra sus semejantes, hay incluso menos esperanza para el futuro inmediato.  Por primera vez en la historia, las naciones ahora tienen la capacidad para destruir la vida en la tierra y hacer que este planeta retroceda a su condición primordial descrita en Génesis 1:2: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.

El “príncipe de este mundo”, tiene en esta misma hora el poder necesario dentro de las fuerzas armadas de las naciones, para destruir en una hora lo que Dios creó en seis días.  Pero... En primer lugar, ¿por qué Dios dividió a la humanidad en naciones?  ¿Y por qué permanece silencioso conforme el mundo se tambalea al borde de la destrucción?  Para responder a estas y otras preguntas relacionadas con el tema, debemos retroceder al principio, tal como está registrado en los dos primeros capítulos de la Biblia.

Moisés registró en Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.  El escritor sagrado, quien muchos creen era el apóstol Pablo, en conformidad con la revelación que le diera el Señor Jesucristo, amplió la declaración de Moisés afirmando además: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (He. 11:3).

La materia existe en la eternidad en la forma de poder o energía, y Dios mora en la eternidad: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Is. 57:15).

Cuando Dios habló “en el principio” la materia apareció.  La frase “en el principio” es una referencia al tiempo.  El tiempo comenzó y la materia apareció.  Los científicos en nuestra generación conjeturan que toda la materia en el universo de la cual se formaron las galaxias, soles y planetas, llegó a existir en una diez millonésima de segundo, o tal vez menos.  Ellos le llaman a esto, «la teoría del Big bang» o «la gran explosión».

Los científicos que apoyan la evolución crearon «la teoría de la gran explosión» para tratar de explicar la existencia de la materia, pero todavía hasta este momento no han podido elaborar una hipótesis que explique el espacio y el tiempo.  Qué pasa si alguien te pregunta: «¿Cómo llegó tu carro nuevo hasta la entrada del garaje?», y usted le responde: «No, fue que hubo una explosión y apareció allí de súbito».

La Biblia dice: “En el principio creó Dios”, no declara: «En el principio Dios comenzó a crear».  Toda la creación y todas las cosas que fueron creadas, concluyeron el sexto día.  Como el pecado entró en el mundo a través de Adán, todo lo que Dios hizo se ha estado deteriorando debido al pecado: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.  Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Ro. 8:19-21).

La entropía, la segunda ley de la termodinámica, determina que el sistema universal se está deteriorando.  La tierra no es tan productiva como fuera en el pasado, no hay tanto oxígeno en el aire como había antes, los animales no son tan grandes como fueron en un tiempo, el suministro de oxígeno en el sol es menor cada día, y sucesivamente.

En los primeros dos capítulos del Génesis, Moisés registró en detalle los actos creadores de Dios, cuando hizo que existieran todas las plantas y los animales en la tierra, y luego creó al hombre el sexto día.  Es importante para nuestro tema, saber cómo el Creador hizo al hombre y para qué fin lo creó.

El nombre del primer hombre, Adán, en el hebreo significa «de la tierra» o «tomado de la tierra roja».  Sólo el hombre fue creado a la imagen de Dios, como un ser tripartito.  Un animal tiene cuerpo y alma.  El alma expresa personalidad o ser.  En numerosos pasajes, los escritores sagrados informan que su alma está feliz, triste, gozosa, etc.  Los animales también tienen alma, notamos que los perros pueden expresar satisfacción, furia, tristeza y otras emociones.  Es por esta razón que las personas se apegan a sus mascotas.  El alma de cada uno de nosotros nos identifica como una personalidad distinta, diferente a la de los otros, sin embargo Adán fue creado como un ser único, en el sentido que fue hecho a la imagen de su Creador: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7).

El hombre fue creado cuerpo, alma y espíritu.  Adán tenía una personalidad completa, un ser: “Este es el libro de las generaciones de Adán.  El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.  Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados” (Gn. 5:1, 2).

Mientras cada parte de la creación de Dios era buena en sí misma, Él reconoció que no era bueno que Adán viviera solo en el huerto del Edén.  Es por eso que leemos en Génesis 2:20-24 sobre la primera división de la raza humana: “Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.  Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.  Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.  Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.  Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.

La primera división de la humanidad tuvo lugar debido al amor y compasión de Dios por Adán.  Fue así como dividió su personalidad, porque Eva fue formada de una costilla de Adán.  Cuando las dos partes se unieron en el primer matrimonio, una vez más se convirtieron en una persona.  El esposo y la esposa, unidos en la voluntad perfecta y propósito de Dios para ellos en el matrimonio, se convierten «en uno».  El hombre por sí mismo, es sólo la mitad de una persona, lo mismo es cierto con respecto a la mujer.

Lo único que el Creador dijo que no estaba del todo bien después de haber sido creado, fue el hombre.  Dios es amor, e hizo al hombre para que amara, pero el hombre no tenía a quién amar.  Mientras, a no dudar, Adán amaba a Dios y a Eva, sus prioridades quedaron fuera de lugar, ya que la Palabra de Dios es siempre suprema, absoluta y eterna.

La segunda división

     La segunda división de la raza humana y la razón para ello, lo encontramos registrado en Génesis 4:8-17, donde leemos: “Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo.  Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.  Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano?  Y él respondió: No sé.  ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?  Y él le dijo: ¿Qué has hecho?  La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.  Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.  Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.  Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.  He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.  Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado.  Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.  Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.  Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc”.

Caín fue expulsado de la presencia de Adán y Eva y de la sociedad de ese día.  Entonces Caín habitó en la tierra de Nod.  Debido a su pecado fue separado y su descendencia segregada.  En el hebreo, «Nod»significa «nómada, errante», implicando con esto que vivió una existencia nómada.  No obstante, Caín tomó a su esposa con él y en el curso debido de tiempo, su familia creció en número y fundó una ciudad.  Aunque no había naciones identificables en la sociedad antediluviana, leemos en el capítulo 4 de Génesis respecto a ese tiempo:

•   Versículo 17: “Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc”.
•   Versículo 20: “Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados”.
•   Versículo 21: “Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta”.
•   Versículo 22: “Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama”.

En la página 78 del Compendio Manual de la Biblia escrito por Henry Halley, hay una nota arqueológica sobre la ubicación de muchas de las ciudades antediluvianas, dice: «La expedición conjunta del Museo Field y de la Universidad Oxford, dirigida por el doctor Stephen Langdon, halló entre 1928 y 1929, en las capas inferiores de las ruinas de Kish un depósito de arcilla limpia sedimentaria de un metro con cincuenta centímetros de espesor, lo cual indica una inundación de vastas proporciones.  La capa diluviana se halla justamente encima de las ruinas de los muros.  No contiene objetos de ninguna clase.  El doctor Langdon sugirió que pudo haber sido causada por el diluvio mencionado en la Biblia.  Los restos encontrados debajo de ella representan una cultura de tipo completamente diferente.  Entre los objetos hallados estaba un carro de cuatro ruedas, siendo éstas de madera con clavos de cobre.  Entre las limoneras yacían los esqueletos de los animales que tiraban el carro... Debajo del sedimento diluviano había una capa de carbón y cenizas, restos de color oscuro que quizás hayan sido muros, alfarería pintada, esqueletos, sellos, cilíndricos, sellos para estampar, ollas, cazuelas y vasijas, todo con el aspecto de que la población había ‘dejado repentinamente sus hogares, abandonando sus enseres’...»

Adán y Eva tuvieron hijos e hijas, y dice en Génesis 6:1: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas”.  En ese tiempo los hombres y las mujeres vivían entre 800 a 900 años, por consiguiente, la población de la tierra aumentó rápidamente.  Una de las preguntas más comunes que se hacen respecto a esta edad antigua en la historia del hombre es: «¿De dónde tomó Caín su esposa?»  Es obvio que se casó con una hermana, o tal vez con una sobrina o una prima.  Antes del diluvio, Dios todavía no había determinado que era incorrecto que el hombre se casara con parientes muy cercanos en su familia.  La ley en contra de estos matrimonios se la dio a Moisés.

Por consiguiente, conforme la población aumentaba sobre la faz de la tierra, se construían ciudades y la raza humana comenzó a congregarse en ciudades y principados.  No obstante, todavía no había gobiernos para regir a los hombres o restringir su codicia o avaricia.  Lamec asesinó a dos hombres y hacía alarde por eso, ya que decía que si Caín había salido bien librado después de asesinar a Abel, lo mismo sería con él: “Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Que un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe.  Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será” (Gn. 4:23, 24).

La primera maldición

     Está registrado en Génesis 3:8 que Dios descendía al huerto del Edén y tenía compañerismo con Adán y Eva.  Este fue el propósito para el cual fue creado el hombre, para amar al Creador y tener comunión con Él, no porque tuviera que hacerlo, sino que era algo que tenía que decidir por sí mismo.  Es por esto que Dios está llamando a un pueblo en medio de este mundo para su nombre.  La Iglesia (el cuerpo de Cristo) completará el plan y propósito que el Creador tenía para el hombre en el principio.

Leemos en Efesios 1:3-5: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”.

Pero el primer hombre y la primera mujer rompieron su compañerismo con Dios cuando ejercitaron su libre albedrío para desobedecerlo y depender de su propio conocimiento.  Y así como tuvo lugar la primera división de la sociedad, de la misma forma llegó la primera maldición sobre la creación debido al pecado.

El huerto del Edén debía ser una jungla inmensa de vegetación y vida animal.  El área general, tal como lo evidencia la confluencia de los ríos Tigris y Éufrates, se encontraba en algún lugar en el golfo Pérsico cerca de Kuwait.  El petróleo es el residuo de la descomposición de la materia animal y vegetal, y hay más petróleo debajo de esa área que en cualquier otro lugar en el mundo.

El rompimiento de la masa continental, de la gran pangea después de Babel, fue para mantener a las naciones divididas, y la siguiente descripción de la tierra antediluviana dada por el historiador judío Flavio Josefo en su libro Las obras esenciales, está en armonía con la Escritura. Leemos: «Moisés dice además, que Dios plantó un paraíso en el este, floreciente con toda variedad de árboles; entre ellos estaba el árbol de la vida, y otro del conocimiento, el cual permitía saber lo que era bueno y lo que era malo; y cuando llevó a Adán y a su esposa a este huerto, les ordenó que cuidaran de las plantas.  Ahora, el huerto era regado por un río, el cual corría alrededor de toda la tierra y estaba dividido en cuatro partes.  El Pisón que denota una multitud, corriendo hasta India, desemboca en el mar, y es llamado Ganges por los griegos.  El Éufrates, al igual que el Tigris, también desemboca en el mar Rojo.  Y el Geon que corre a través de Egipto... es el que los griegos llaman Nilo...»

También en la era antediluviana había una temperatura igual sobre toda la tierra y el agua que estaba suspendida por encima de la atmósfera y que descendió en la forma de un diluvio, se encontraba posiblemente como hielo congelado, algo tal vez parecido a los anillos que rodean a Saturno.  Una de las sondas enviadas a Saturno descubrió que sus anillos están compuestos de miles de millones de gigantescos pedazos de hielo.

Antes del diluvio los hombres no tenían necesidad de comer carne, porque las nueces y las hierbas eran deliciosas y nutritivas: “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer” (Gn. 1:29).  La palabra “comer”, en hebreo de hecho significa «proteína».  Si el mundo va a ser restaurado a su condición edénica, muchas de las razones de por qué las naciones luchan unas contra otras hoy, se resolverán.  Habrá alimento, refugio y vestido para todo el mundo.  Sin embargo, cuando entró el pecado, Dios tuvo que cambiar la creación por el propio bien de la raza humana.  El hombre fue expulsado del huerto del Edén para evitar que comiera del árbol de la vida y que viviera para siempre en un estado de pecado separado de su Creador.  Mientras que los reinos vegetal y animal fueron afectados.

Y dijo Dios al hombre: “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.  Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo” (Gn. 3:17, 18).

Cuando los hombres tienen riqueza y abundancia de alimentos, se olvidan del Creador.  Una y otra vez Israel fue advertido que debía tener presente que era Dios quien les proveía alimento, ropa y abrigo.  Sólo cuando Él retiene la lluvia y los elementos necesarios para sostener la vida, los hombres lo reconocen como Creador y claman por su ayuda.  Fue por el propio bien de la raza humana que Él puso la primera maldición sobre la creación, en el huerto del Edén.  Cuando el pecado apareció por primera vez en el mundo por medio de Adán, el plan y propósito de Dios para dividir la humanidad en lenguas, razas y naciones comenzó a revelarse.

La sociedad antediluviana

     Al continuar en nuestra búsqueda por información y respuestas sobre por qué y cómo Dios dividió las naciones, consideraremos una vez más el orden social antediluviano.  Ya hemos mencionado que Adán y Eva pecaron, que Dios maldijo la creación edénica por el propio bien del hombre, que ocurrieron mutaciones en la vida vegetal y que hubo cambio en las condiciones del medio ambiente que hicieron necesario que el hombre tuviera que trabajar para ganar su pan, asimismo que tuvieron lugar otras mutaciones que causaron enfermedades y muerte.  Debido al pecado aparecieron los cardos, espinas, desiertos, sequías, hambres y enfermedades.  Así como el primer pecado acarreó la primera maldición, el primer asesinato trajo consigo la segunda maldición.

Leemos en Génesis 4:8-12: “Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo.  Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.  Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano?  Y él respondió: No sé.  ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?  Y él le dijo: ¿Qué has hecho?  La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.  Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.  Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra”.

Dios le dijo a Adán que debido a su desobediencia la tierra produciría cardos y espinos y que tendría que labrar y cultivar el suelo para obtener su fruto con el sudor de su frente.  Agregándole además a Caín, después que le dio muerte a su hermano, que a pesar de que trabajara y sudara, la tierra sólo produciría escasamente.  Debido al pecado de Caín, vinieron los sufrimientos, las penurias, las sequías y el hambre.  Sin embargo, el medio antes del diluvio, incluso después de la segunda maldición, era mucho mejor que hoy.

Dice Flavio Josefo en su obra Antigüedades de los Judíos, libro uno, capítulo tres, parágrafo nueve: «Noé vivió feliz trescientos cincuenta años después del diluvio y murió, habiendo vivido novecientos cincuenta años.  Que nadie piense, al comparar la vida de los antiguos con la nuestra, y con los pocos años que ahora existimos, que lo que hemos dicho sea falso, o deducir de nuestra vida breve que ninguno de los antiguos vivió tanto; porque ellos eran queridos por Dios y hechos por Dios mismo, y como sus alimentos eran más propios para la prolongación de la vida, bien pudieron haber vivido esa cantidad de años.  Además Dios les concedió más tiempo de vida por sus virtudes y por el buen uso que hicieron de ella para realizar los descubrimientos astronómicos y geográficos, que si no vivieran seiscientos años no podrían predecirlo (la periodicidad de los astros)».

Según la Escritura y el historiador judío Flavio Josefo, los antediluvianos, especialmente esos del linaje piadoso de Set, vivieron por varios cientos de años de edad.  Los descendientes de Set eran hombres extremadamente sabios que estudiaron astronomía, y entendieron el plan y propósito de Dios para las edades, el cual estaba revelado en las estrellas.  Eruditos respetables en la actualidad creen que dado el tamaño colosal de las piedras con que se construyó la gran pirámide y su perfección matemática y geométrica, todo parece indicar que fue construida por la progenie de los ángeles caídos, sin embargo Josefo declaró que la descendencia de Set registró todo su conocimiento astronómico en un gran monumento de piedra en el territorio de Siriad, el cual es la parte de Egipto donde se levanta la pirámide de Gizeh, la cual fue edificada en conformidad con ecuaciones matemáticas y conocimiento astronómico.  Además, como la fecha más común dada para la erección de la gran pirámide es el año 2700 A.C., es decir, cientos de años antes del diluvio, es por eso que algunos creen que fue construida por los hijos de Set.

A pesar de la segunda maldición que fuera impuesta sobre la creación, la sociedad de la era antediluviana prosperó.  Leemos sobre ese tiempo en la página 69 del Compendio Manual de la Biblia escrito por Henry Halley: «Cuando Adán aún vivía, sus descendientes aprendieron el uso del cobre y del hierro, e inventaron instrumentos de música.  Hasta hace poco se creía que el uso del hierro era desconocido antes del siglo XII A.C. En 1933, el doctor H. E. Frankfort, del Instituto Oriental, descubrió en las ruinas de Asmar, a unos ciento sesenta kilómetros al norte de Babilonia, una hoja de hierro que había sido hecha alrededor del año 2700 A.C., con lo cual el uso conocido del hierro retrocede unos mil quinientos años.  Las inscripciones primitivas revelan que Babilonia jamás ha sido habitada por gentes que no hayan conocido el uso de metales.  Instrumentos de cobre han sido hallados en las ruinas de diferentes ciudades antediluvianas.  El prisma de Weld, que da los nombres de los diez reyes longevos que reinaron antes del diluvio, dice que el tercero, el quinto y el sexto reinaron en un lugar llamado ‘Badgurgurru’.  Esta palabra significa ‘ciudad de trabajadores en bronce’.  Quizá sea una tradición acerca de la ciudad de Caín».

Parte II >>>

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