| El libro de Job, capítulos 5 y 6 |
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El libro de Job, Capítulos 5 y 6 (P II) Sigamos escuchando al “sabio” Elifaz: “Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda? ¿Y a cuál de los santos te volverás? Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia. Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación. Sus hijos estarán lejos de la seguridad; en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre. Su mies comerán los hambrientos, y la sacarán de entre los espinos, y los sedientos beberán su hacienda. Porque la aflicción no sale del polvo, ni la molestia brota de la tierra. Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (Job 5:1-7). Es fácil notar que Elifaz se siente en condiciones de juzgar a Job de manera exactamente opuesta a lo que Dios había dicho de él, es muy llamativo todo esto: “Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). • Elifaz desafía a Job y le declara que no tendrá respuesta si da voces: “Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda? ¿Y a cuál de los santos te volverás?”(Job 5:1). Es como si le estuviera diciendo implícitamente que Dios no iba a castigar a los buenos. • Elifaz considera a Job como necio, codicioso y envidioso. ¿Usted se imagina decirle esto a un hombre que está sufriendo como él?: “Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia. Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación. Sus hijos estarán lejos de la seguridad; en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre” (Job 5:2-4). La “puerta”bien puede ser la corte, a donde iban a ir sus hijos y donde no habría abogado que pudiera ayudarles. ¿Hablaría usted así a una persona que ya sufre tanto? ¿Necesitaba Job esta clase de “amonestaciones o comentarios” de su amigo? ¡Por supuesto que no! ¿En qué base hablaba Elifaz? ¿De dónde sacó los argumentos que estaba presentando? ¿Es que no tenía otras palabras para el sufriente Job? ¿Era eso todo lo que podía dar? ¿Acaso no era uno de sus amigos? En realidad en la lista de sus amigos, él aparece en primer lugar: “Y tres amigos de Job, ELIFAZ TEMANITA, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle” (Job 2:11). Fíjese lo que ellos habían convenido, lo que luego hizo Elifaz, y por qué lo hizo. Por qué este hombre cambió tanto, siendo que en principio la idea era muy buena. El mejor pensamiento y el mejor discurso de Elifaz y de los otros, sin duda fueron durante los primeros siete días que estuvieron acompañando a Job, porque nadie dijo nada, sino que imperó “don Silencio”. ¿No es esta la tendencia humana para con aquellos que esperan de nuestra parte una palabra de ánimo, de consuelo y de comprensión? ¿Y cómo actuamos? Debemos tener mucho cuidado cuando juzgamos a alguien: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Co. 4:5). Note bien lo que dice la Escritura: “Hasta que venga el Señor”. “El Señor”, que es Dios mismo, vino en el caso de Job, habló allí y Elifaz supo quién era. Y si Job no hubiera orado por sus “amigos”, quién sabe a dónde habrían ido a parar. Tanto daño le habían hecho, según Dios. Al examinar este monólogo de Elifaz con mucha atención, nuestra pregunta es: «¿Acaso quería Elifaz herir a su amigo Job?» • ¿Acaso no sabía que mañana, bien podría ser él mismo, quien como Job estuviera revolcándose en su sitio de ceniza con la sarna, y que Job podría estar en su propia “piel?” ¡La respuesta es muy sencilla! Por lo visto Elifaz nunca antes había recibido “revelación reciente, fresca y sobrenatural”. Eso era lo que buscaba y lo obtuvo. Nunca antes había experimentado algo así. Pero cometió el mismo error que cometen hoy muchos de aquellos que dicen: «Dios me dijo», «Dios me habló», «El Señor me habló», «La virgen me habló», «El Espíritu Santo me habló», etc. Sin embargo, Elifaz hace mención a sus... “imaginaciones de visiones nocturnas...”(Job 4:13). Es decir que la forma como obtuvo ese mensaje fue mediante su imaginación y visiones durante la noche, pero esto nada tiene que ver con Dios. Habla de cómo le “sobrevino un espanto y un temblor...”(Job 4:14a). Según él, esa era la forma como Dios le estaba hablando. Y dice luego, eso “…estremeció todos mis huesos” (Job 4:14b). Y consideró que todo provenía de Dios. Agregando: “Y al pasar un espíritu por delante de mí, hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo”(Job 4:15). Hay que tener en cuenta todas estas cosas, para poder entender por qué Elifaz decía lo que decía. Finalmente agregó: “Paróse delante de mis OJOS un fantasma...”(Job 4:16a). ¡Esa era la comunicación que recibía Elifaz! ¿Sabe usted cómo comenzó todo este desfile de imágenes y voces en la vida de Elifaz, que seguramente nunca antes se habían manifestado? Él mismo nos dice: “El asunto también me era a mí oculto...” (Job 4:12). Por supuesto que era así. Él no entendía por qué Job sufría lo que sufría, por eso mismo no tenía ninguna razón ni obligación para sacar conclusiones, y menos para juzgarlo y condenarlo. Y si le era oculto, ¿por qué le interesaba tanto una “revelación sólo para él?” Difícilmente el cristiano promedio de nuestros días habla con la convicción y seguridad acerca de lo que Dios ha revelado en su Palabra, como esos que reciben “revelaciones nuevas y frescas”, al pedir, insistir y llorar, clamando por manifestaciones que bien pueden provenir de quién sabe qué espíritu, pero nunca del Espíritu Santo. Sin embargo, como tuvieron una experiencia real, entonces hablan de eso de una manera más elocuente, que de todo cuanto revela la Palabra de Dios. Tienen la Biblia, la leen, pero no pueden entenderla porque para ellos no es suficiente. Elifaz sería hoy un gran líder carismático y viajaría por todos los continentes contando sus revelaciones increíbles. Tendría toda la razón, respecto a sus “nuevas revelaciones”, ya que estaba engañado por espíritus siniestros y extraños, por no estar firme en la Palabra revelada de Dios. Lo mismo les ocurre a los predicadores actuales, que no están fundamentados en la Biblia y sus sesenta y seis libros. Los estantes de las librerías cristianas estarían colmados hoy con los libros del Reverendo Doctor Elifaz temanita, el primer amigo de Job. El prólogo bien podría estar a cargo del Reverendo Bildad suhita. No cabe la menor duda de que este grupo de hombres que concurrieron a ver a Job en su dolorosa condición, se dejaron engañar con las revelaciones ajenas a la Palabra de Dios, y las confundieron con el Espíritu Santo. Elifaz no tenía ninguna duda de que lo que había visto y oído, realmente provenía de Dios, porque era algo nuevo para él, era una experiencia que nunca había tenido. “El testigo verdadero libra las almas; mas el engañoso hablará mentiras” (Pr. 14:25). Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el caso de Job, que en vez de ayudarlo a librarse de la situación en que estaba, este hombre “engañoso” hablaba mentiras, y naturalmente esto no ayudó al patriarca para nada. “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Ef. 4:14). Entonces, ¿de dónde viene todo esto? Viene el enemigo nuestro. Más puñaladas para Job de parte de Elifaz “Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia. Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación. Sus hijos estarán lejos de la seguridad; en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre. Su mies comerán los hambrientos, y la sacarán de entre los espinos, y los sedientos beberán su hacienda. Porque la aflicción no sale del polvo, ni la molestia brota de la tierra. Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (Job 5:2-7). Todo esto le dijo Elifaz a Job. En el versículo 3 habla del “necio que echaba raíces”. Así que para él, Job era un necio que echaba raíces. En el mismo versículo dice, que él personalmente «maldijo su habitación». Una vez que recibió esa extraña revelación, sin percatarse que no provenía de Dios, se apresuró y maldijo al necio. ¿Cree usted que sin la inspiración del tercio de los ángeles de Satanás, Elifaz habría hablado así? Su error fue darle más importancia a las “revelaciones frescas y únicas”, dadas sólo para él, que acababa de recibir, que a la Palabra revelada de Dios, la cual sin duda conocía, tal como el propio Job. ¿De dónde sacó Elifaz la idea de echarle maldiciones? Indirectamente, maldijo a Job, a su familia y a todos sus bienes: “Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación” (su hogar) (Job 5:3). El necio aquí es Job. Sus maldiciones abarcaron a sus hijos: “Sus hijos estarán lejos de la seguridad; en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre” (Job 5:4). Aclaremos que hay que leer todo el libro de Job para darnos cuenta que no fue la maldición de Elifaz lo que produjo todo lo que le ocurrió al patriarca. Pero... ¿Cuál era esa maldición? ¡Que sus hijos no vivirían seguros! Que además serían quebrantados, destruidos, lo cual realmente sucedió con los hijos de Job. • Su alimento comerían otros hambrientos. La paráfrasis lo traduce así: «Sus hijos son estafados y nadie los defiende. Sus cosechas son robadas y sus riquezas son bebida de muchos, pero no de sus dueños. El sufrimiento los abate como castigo por haber sembrado semillas de pecado. La humanidad va rumbo al pecado y el sufrimiento tan cierto como que del fuego salen las llamas». Lo que Elifaz pretendía decirle al sufriente Job, es que le sucedió lo mismo que le ocurre a todo hombre o familia que cosecha maldición. ¡Hasta dónde tiene poder para cambiar la mente de un hombre, un espíritu siniestro! Porque la Biblia dice que Elifaz era amigo de Job. En este caso, Elifaz por POCO le dice abiertamente que tiene el poder de maldecir. Casi podríamos concluir que hubo una confabulación de esos... “hijos de Dios” quienes acompañados de su nuevo amo, Satanás, aprovecharon la oportunidad para torturar a Job, el siervo de Dios, infundiéndole temores que no tenía por qué sufrirlos. Elifaz trata de darle un rostro aceptable a sus palabras: “Ciertamente yo buscaría a Dios, y encomendaría a él mi causa; el cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número; que da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas sobre los campos; que pone a los humildes en altura, y a los enlutados levanta a seguridad; que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada; que prende a los sabios en la astucia de ellos, y frustra los designios de los perversos. De día tropiezan con tinieblas, y a mediodía andan a tientas como de noche. Así libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta; pues es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerrará su boca” (Job 5:8-16). En el versículo 8 Elifaz dice más o menos así: «Mira Job, si yo estuviera en tu lugar buscaría a Dios». Se da cuenta de que se ha excedido en acusaciones y ahora procura decir algo de verdad. Es fácil notar el mismo guión en este libro, es decir, que todos ellos procuran “justificar el actuar divino”. Nada de malo hay en esto, ¡pero Elifaz escogió un mal camino para hacerlo! Por lo visto no encontró otra mejor manera que la de culpar a Job. Dios no necesita ser justificado. Toda su creación nos habla a voz en cuello de sus atributos, su santidad, su grandeza, su paciencia, su poder, etc. Notemos de nuevo los versículos 8-13: “Ciertamente yo buscaría a Dios, y encomendaría a él mi causa; el cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número; que da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas sobre los campos; que pone a los humildes en altura, y a los enlutados levanta a seguridad; que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada; que prende a los sabios en la astucia de ellos, y frustra los designios de los perversos”. Al examinar el consejo de Elifaz, nos encontramos con serias contradicciones. Elifaz declara que lo que haría si estuviera en el lugar de Job, sería «buscar a Dios». Sin embargo, con todo cuanto ya dijo, es claro notar que no buscó a Dios para saber cómo comportarse frente a un hombre que sufría tanto. Los versículos 9-11 constituyen una especie de “sermón para Job”: “El cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número; que da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas sobre los campos; que pone a los humildes en altura, y a los enlutados levanta a seguridad”. • Le dice a Job, que Dios “hace cosas grandes e inescrutables”. ¿Es que acaso Job no sabía estas cosas? ¿Necesitaba estas lecciones? No, todo lo que requería era la compañía de ellos en un momento tan duro y tan difícil, y que oraran por él, que le ayudaran a soportar todo su sufrimiento. Es fácil notar por dónde va Elifaz. Notemos la forma tan extraña cómo le habla al sufriente Job: • “Frustra los pensamientos de los astutos”. ¿Quién es el astuto aquí según Elifaz? No debemos olvidar de dónde le vino la inspiración y con quién ha estado hablando. Por supuesto que no le dice... «Tú eres un astuto»... «Dios ha atado tus manos para que no puedas continuar haciendo lo malo». Tampoco le dice... «Tú eres un perverso», sino que le habla en tercera persona, porque sabía que Job se daría cuenta que estaba hablando de él. Luego declara: “Así libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta...” (Job 5:15). Todos entendemos lo de los pobres, pero... ¿quién es el impío en el concepto de Elifaz? ¿Quién es el violento? En todos los casos sus palabras van dirigidas a Job, porque es a él, a quien le está hablando. Compare por ejemplo las palabras de Job 5:17 y 18 con Job 4:7-9: “He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan” (Job 5:17, 18). “Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido? Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos? Como yo he visto, los que aran iniquidad y siembran injuria, la siegan. Perecen por el aliento de Dios, y por el soplo de su ira son consumidos” (Job 4:7-9). Si se fija bien notará que en estos versículos su argumento está cargado de contradicciones. ¿Qué le pasó a Elifaz? ¿No será que de tanto desear hablar, no medía los conceptos acusatorios que proclamaba? ¿A qué se debería este cambio tan drástico? Después de azotarlo tanto con su lengua, ahora deseaba aplicarle un poco de bálsamo de consuelo. En Proverbios 3:11 y 12 tenemos otra referencia al por qué del sufrimiento del inocente: “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”. No estoy afirmando que Elifaz pudo leer las palabras de Salomón, pero todos estos “consoladores de Job”, sin duda conocían también al Dios de Job. ¿Por qué entonces Elifaz acusaba tanto a Job? Por lo visto, cuando una persona recibe algún... mensaje, ya sea audible, en sueños o de manera visible, algo inexplicable, de inmediato le atribuye todo a Dios. Lo que muchos cristianos y no cristianos no logran entender, tal como por ejemplo los católicos, es que existen fuentes muy peligrosas que originan esas visiones, imágenes y voces. Esta es la razón por qué Juan amonesta a los destinatarios de su epístola a que prueban los espíritus si realmente proceden de Dios: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Jn. 4:1). Pruebe los espíritus si son de Dios. Es muy peligrosa la credulidad exagerada y la búsqueda de “alguna revelación personal”: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Gn. 3:6). ¡A Eva ni se le ocurrió pensar que un mensaje tan saturado de bondad no provenía de Dios! En el caso de los gabaonitas, el registro bíblico dice: “Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová” (Jos. 9:14). ¿El resultado? ¡Estos hombres fueron engañados! Pero debido a esto, toda la congregación se indignó: “…Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes” (Jos. 9:18b). “El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos. El sabio teme y se aparta del mal; mas el insensato se muestra insolente y confiado” (Pr. 14:15, 16). Vivimos en una jungla de falsos profetas, falsos pastores, falsos predicadores, falsos sanadores, falsos escritores, de hombres y mujeres mensajeros de enseñanzas de fantasmas, de la misma Serpiente que ya tenía su mensaje, su audiencia y logró un gran éxito. El rechazo a las Escrituras ¿Por qué se ataca tanto la Biblia hoy? ¿Por qué la están mutilando y aumentando? ¿Será para no contar con una Biblia sin contaminación? ¿Por qué en muchas iglesias las “alabanzas”, que en realidad es desenfreno, sensualidad e idolatría, ha reemplazado a la exposición de la Biblia? ¿Por qué hay tantos “ministros” que se toman el tiempo para contar sus experiencias, muchas veces las de otros que encuentran en internet, pero se niegan a presentar, explicar y predicar el mensaje de la Biblia? ¡Es para ir formando a la presente generación en la ignorancia escritural! Recordemos lo que dijo antes: “Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido? Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos? Como yo he visto, los que aran iniquidad y siembran injuria, la siegan. Perecen por el aliento de Dios, y por el soplo de su ira son consumidos” (Job 4:7-9). Es difícil entender qué se proponía Elifaz con estas palabras. Bien podría tratar de consolar a Job o volver a acusarlo al describir al inocente. • En el versículo 19, afirma que el castigo tiene fin. Examinemos esta... sabiduría de Elifaz. Notemos lo que dice el versículo 19, cuando habla de “seis tribulaciones” y menciona que... “en la séptima no te tocará el mal”. Enumeremos estas tribulaciones: 1. Los sabeos mataron a los criados de Job: “Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia” (Job 1:13-15). Ahora estamos en mejores condiciones para explicar el versículo 19. Porque sus hijos, lo mismo que todos sus bienes, no los recuperó, sino que Dios le dio el doble de bienes. Los muertos, tanto sus animales como sus hijos no resucitaron. Job tuvo otros hijos y tuvo el doble de todos los bienes. ¿Y qué significa eso de que... “en la séptima no te tocará el mal”? Creo que las palabras... “no te tocará el mal” equivale a «no morirás», ya que Job fue el mismo de antes, se recuperó completamente. No importa la explicación que se dé a esta expresión, lo cierto es que en el caso de Job se cumplió literalmente. Vuelvo a preguntar: ¿Por qué Elifaz se fue tan lejos de la realidad en lo tocante a Job? Y la respuesta es: ¡Porque se convenció que todo lo sobrenatural que había recibido era de procedencia divina! Por esto la Biblia nos amonesta con estas palabras: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios…” (1 Jn. 4:1). ¿Acaso no ocurre esto en nuestros días? ¿No es éste el “manjar” más frecuente en los canales de televisión donde individuos muy famosos aseguran dialogar con Jesús, con Dios, con el Espíritu Santo, siendo al mismo tiempo lo mas apetecido por los millones que los ven y los escuchan, mientras millones se debaten en las cenizas de una completa miseria física, moral y espiritual? El popular teleevangelista Benny Hinn asegura que se le han aparecido ángeles en repetidas ocasiones, desde su infancia y sin propósito alguno. Durante una entrevista a través de la cadena “cristiana” de televisión norteamericana Trinity Broadcasting Network, declaró: «Nunca me olvidaré de 1974... Estoy diciendo la verdad, no miento, cada noche y durante un año entero los ángeles se aparecieron en mi habitación». ¿Los poderosos mensajeros de Dios descendiendo a su habitación durante 365 visitas nocturnas consecutivas? Según la Iglesia Católica sólo hay una Virgen María, sin embargo, aseguran que ella se ha querido dar a conocer a cada nación de una manera muy íntima, asumiendo características de la cultura y hasta de la raza del lugar donde se aparece. De acuerdo con ellos, así es como nos enseña que siendo Madre de Dios es también madre de todos. En la década de 1980, David Duplessis, el padre del pentecostalismo moderno, visitó Medjugorje... y concluyó, que experimentó un despertar espiritual... Según este gran líder carismático, «Las apariciones celestiales fueron de Dios». Este “padre del pentecostalismo moderno” fue engañado por la Iglesia Católico Romana en su deseo por atraer a los protestantes bajo la jurisdicción del Papa. En 1973, Agnes Katsuko Sasagawa en Akita, Japón, recibió tres mensajes a través de una estatua de María. Según contó, la estatua se volvió viva y bañada en una luz brillante le habló con una voz de una belleza indescriptible. Una de las historias más poderosas proviene de fray Barham, descendiente de un largo linaje de pastores y líderes en las Asambleas de Dios, quien ahora es sacerdote católico romano. Él cuenta en la página 4 del libro María mensajera de paz, de que se convirtió en las Asambleas de Dios y odiaba con pasión su antiguo catolicismo. Furioso al encontrar un libro sobre Medjugorje en una librería evangélica, compró todas las copias y se los llevó a su casa para destruirlas. De repente escuchó la voz de una mujer que le decía: «¿Rezarás conmigo?» De súbito se vio de rodillas. Y sigue diciendo: «Y cuando me arrodillé... comencé a sollozar... y... a pensar, ‘¿No será que Satanás está tratando de engañarme... para hacerme creer que mi madre muerta me está hablando?’ Iba a convertirse en oficial de la iglesia Asamblea de Dios local ese fin de semana. Pero el domingo por la mañana escuchó la voz que le decía: ‘¿Rezarás conmigo?’ Y él respondió: ‘Si eres Satanás y pretendes hacerme creer que eres mi madre... ¡Imploro la sangre de Jesús sobre ti y te ordeno que te marches...!’ La voz le dijo: ‘Soy tu Madre, soy... esa... que Cristo te dio en el Calvario’. Él respondió: ‘¿Eres tú la mujer de Medjugorje?’ ‘Sí’ - respondió. ‘Bueno, tengo una pregunta que hacerte... ¿Cómo es eso que los católicos creen que Jesús está presente en los altares de la misa católica...?’. Ella dijo: ‘Es mi Hijo, Alma y Divinidad, lo que está presente en el altar... Ahora, ¿saldrás afuera?’ Yo me arrodillé en el jardín y María dijo: ‘Mira a la luna’. Cuando lo hice... Vi a María sosteniendo el cuerpo de su Hijo, bajado de la cruz del Calvario... y sollocé ante lo que estaba viendo... No fui a la iglesia de las Asambleas de Dios. En lugar de eso busqué una Iglesia Católica donde poder confesarme. Allí me reconcilié con la iglesia que había odiado... Ahora estoy de regreso donde pertenezco... He podido hacer volver a muchas personas que una vez aparté de la Iglesia Católica. He encontrado a Cristo más vivo en mi corazón y en mi vida. Y he encontrado a María, como mi madre”. Convincente, ¿verdad? Entonces uno se pregunta… cuánto tiempo falta para que nosotros también caigamos en esa trampa. Bueno, no es para desesperarse. Todo cristiano que está completamente seguro que la revelación divina comprende 66 libros no más ni menos, y que no hay otro, puede estar seguro que nunca caerá en eso. Sin embargo, las cosas son diferentes con cualquier persona que le gusta lo sobrenatural, y aquí están incluidos muy especialmente los carismáticos y los pentecostales en general. Y resulta que como “sin fe es imposible agradar a Dios”, si usted ve, oye o toca algo de procedencia sobrenatural, entonces su fe no es necesaria. ¿Qué aprendimos de Elifaz? • Que Elifaz se apresuró a emitir juicios cuando lanzó tantas indirectas hirientes contra quien él consideraba su amigo: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Co. 4:5). Capítulo 6 En los capítulos 6 y 7 están registradas las palabras del propio Job, aquí comenzamos a escuchar sus interrogantes: “Respondió entonces Job, y dijo: ¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza! Porque pesarían ahora más que la arena del mar; por eso mis palabras han sido precipitadas. Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten. ¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿Muge el buey junto a su pasto? ¿Se comerá lo desabrido sin sal? ¿Habrá gusto en la clara del huevo? Las cosas que mi alma no quería tocar, son ahora mi alimento” (Job 6:1-7). Tenemos aquí una serie de interrogantes retóricos, es decir que las preguntas en sí son respuestas, afirmaciones. Por un lado, Job sabe que las palabras de Elifaz no tienen sentido, pero por el otro no puede entender por qué Dios ha sido tan severo con él y por qué no lo protegió de tantas calamidades, ya que aunque sobrevivió lo perdió todo. Leamos esto mismo en la Paráfrasis: «¡Quién pesara en balanza mi tristeza y mis congojas! Porque son más pesadas que la arena de mil playas. De ahí nació mi hablar impertinente. Porque el Señor me ha derribado con sus flechas: en lo profundo de mi corazón ha clavado sus dardos venenosos. Todos los terrores de Dios militan contra mí. Si el burro montés rebuzna, es que el pasto se le ha agotado; no mugen los bueyes cuando tienen alimento; el hombre se queja cuando su comida está sin sal. Y ¡qué insípida es la clara del huevo cruda! Pierdo el apetito con sólo mirarla; siento náuseas con sólo pensar en comerla» (Job 6:1-7 - Paráfrasis). En el versículo 3b, él dice: “…Por eso mis palabras han sido precipitadas”, lo cual nos hace pensar que todo cuanto dijo Elifaz, fue provocado por algo que Job expresó previamente quejándose. De modo que cuando sus amigos permanecieron en silencio durante toda una semana, probablemente estuvieron escuchando sus quejas: “Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande” (Job 2:13). Es probable que Job se haya sentido algo aliviado cuando tuvo a estos amigos que lo escucharon. Lo que quiero destacar es que aunque la Biblia no dice específicamente que Job habló, lo que declaró, de «que sus palabras tal vez fueron precipitadas», parece implicar que los comentarios de Elifaz fueron motivados por lo que él mismo dijo. Esto no contradice el texto de ninguna manera, ya que expresa por ejemplo, que ellos, los amigos, se sentaron con él, durante siete días y siete noches y no pronunciaron palabra, pero no afirma nada con respecto a Job, no está anotado aquí lo que pudo haber dicho, sin embargo aparentemente Elifaz está respondiendo a las palabras de Job. Si esto es así, aquí tenemos una gran virtud de Job. En medio de tanto dolor, él admite que, tal vez, sus palabras “han sido precipitadas”, es decir, que habló demasiado y antes de tiempo. En el versículo 4, Job admite que todo proviene del Todopoderoso, de Dios: “Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten”. ¿Acaso no es cierto que fue Satanás quien provocó todo esto en su vida? En el capítulo 1, Job es muy claro en esto. Vamos a tomar otro ejemplo de la Biblia y veremos, cómo quienes quieren “probar” que la Escritura se contradice caen por knockout. Recordemos el censo en los días de David. En 2 Samuel 24:1, leemos que Dios incitó al rey para que levantara un censo en Israel. Pero en 1 Crónicas 21:1, ¡dice exactamente lo contrario!: “Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá” (2 S. 24:1). Lo que pasó aquí, es que David más que todo, quería saber con cuánto personal contaba en la fuerza militar y eso desagradó a Dios. Incluso el mismo Joab le dijo, «no hagas eso, no está bien», pero no le hizo caso. David, de todos modos, como era el rey ordenó que se hiciera el censo. Quería saber si contaba con suficientes militares para pelear en caso de guerra. ¿Y por qué a Dios le desagradó eso? ¡Sencillamente, porque quería que confiara en Él, y no en la fuerza de los hombres! Ahora veamos 1 Crónicas 21:1: “Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel” ¿Quién incitó a David para que levantara ese censo? ¿Fue Jehová o fue Satanás? Debemos entender que Satanás es un ser creado, tal como el resto de la creación, incluyendo los ángeles. Esto hace que Dios, si así lo desea, lo use cuando quiera. En el caso del censo, sin duda Satanás sabía que eso no agradaría a Dios, porque David estaría indicando que dependía de los hombres, de su ejército y no del Creador. Él permitió que Satanás lo incitara a hacer este censo. Éste es uno de los casos bíblicos que los enemigos de Dios usan hoy para “demostrar” las contradicciones en la Biblia. Por eso, cuando Job dice que: “las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten”, él tiene razón. Pero todo este drama que vivió Job, fue siempre supervisado por Dios. Satanás estaba y sigue estando sometido al Creador, así que sin su voluntad permisiva, no podía ni destruir a Job, ni inducir a David a levantar el censo. No estamos solos en la lucha. El Señor Jesucristo dijo: “…Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”(Mt. 28:20b). “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn. 14:18). ¿En qué forma Él está con nosotros todos los días? ¡Mediante el Espíritu Santo! ¿Cuándo vino? En el día de Pentecostés: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1 Jn. 5:18). Lo que ocurrió con Job, es que él no sabía lo que estaba sucediendo y cuán brillante sería el final de tanto dolor y sufrimiento. Lo que dice en el versículo 4 es bastante claro para nosotros. Hasta la fecha los cazadores de animales como tigres, pumas y leones, usan un tipo de balas con algo de sedante, de anestesia, que no mata ni perjudica al animal, sino que lo hace dormir por algunas horas. Esto hace que los cazadores tengan tiempo suficiente para levantarlo a su transporte y llevarlo al zoológico. Pero también hubo entonces y lo tenemos hoy, que las saetas, que hoy son las balas, contenían veneno y mataba al animal. A esto se refiere Job cuando dice...“cuyo veneno bebe mi espíritu”. Job formula una serie de preguntas: “¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿Muge el buey junto a su pasto? ¿Se comerá lo desabrido sin sal? ¿Habrá gusto en la clara del huevo?” (Job 6:5, 6). • El asno montés no gime cuando tiene alimento. Pero... ¿Qué tiene que ver todo esto con Job? Job trata de decirle a sus amigos que sus quejas tienen su por qué, que tienen fundamento. Los animales se quejan cuando no tienen alimento, así también los hombres cuando les faltan la salud y la fuerza, cuando una enfermedad les acarrea gemidos y dolor. Notemos el versículo 7: “Las cosas que mi alma no quería tocar, son ahora mi alimento”. Es probable que, tanto sus amigos como su esposa, trataron de aconsejarlo para que ingiriera algo tan desabrido como la clara de huevo crudo a modo de medicamento y alimento. Job en medio de tanto dolor desea la muerte: “¡Quién me diera que viniese mi petición, y que me otorgase Dios lo que anhelo, y que agradara a Dios quebrantarme; que soltara su mano, y acabara conmigo! Sería aún mi consuelo, si me asaltase con dolor sin dar más tregua, que yo no he escondido las palabras del Santo. ¿Cuál es mi fuerza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia? ¿Es mi fuerza la de las piedras, o es mi carne de bronce? ¿No es así que ni aun a mí mismo me puedo valer, y que todo auxilio me ha faltado?” (Job 6:8-13). • Job quiere que Dios le otorgue lo que desea. Si él hubiera leído alguna vez “el libro de Job” ¡cuánto le habría ayudado en esta hora tan difícil! Sabría que sus bienes serían duplicados. Que tendría otros hijos, con el agregado que se diría de sus hijas: “Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra…”(Job 42:15a). También es cierto que hoy no tendríamos por escrito todo este drama que solemos leer, sin darnos cuenta que el Señor nos tienen sorpresas inimaginables para la eternidad: “Si sufrimos, también reinaremos con él…” (2 Ti. 2:12). El Sumo Sacerdote y los saduceos mandaron azotar a Juan y a Pedro, y ésto es lo que la Biblia dice: “Después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad” (Hch. 5:40). ¿Y qué ocurrió después?: “Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hch. 5:41, 42). Todo lo que lograron estos azotadores, fue infundirles más valor a estos hombres valientes que continuaron haciendo el trabajo. Por eso si sufrimos también reinaremos. No obstante, hay que tener mucho cuidado con estos textos citados recientemente, especialmente en el caso de sufrir y de reinar. Todos los que recibimos a Cristo somos hijos de Dios por la fe en él, pero reinar con él es tomar parte en su gobierno, estar a su lado. En otras palabras ser su amigo. Una cosa es… ser hijos de Dios, pero llegar a correinar con él, es decir ser su amigo, es algo muy diferente. Se dice de Abraham, era “amigo de Dios”. Cuando el Señor llamó a Pablo dijo que le mostraría cuánto tendría que sufrir como mensajero suyo: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hch. 9:15, 16). Años después Pablo escribió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Ro. 8:18). De estos hombres sufridos, dice el autor a los Hebreos que “el mundo no era digno”: “Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (He. 11:37-40). Si nosotros tuviéramos que sufrir hoy algo muy doloroso, tenemos el consuelo de las promesas divinas. Nada de esto tuvo Job, salvo, tal vez el relato de la creación. “El atribulado es consolado por su compañero; aun aquel que abandona el temor del Omnipotente. Pero mis hermanos me traicionaron como un torrente; pasan como corrientes impetuosas” (Job 6:14, 15). Job dice que el atribulado es consolado por su compañero, pero... ¿Por qué no tuvieron sus amigos una palabra de consuelo para con él? Cuando menciona que... “Aun aquel que abandona el temor del Omnipotente”recibe consuelo, por lo visto el Señor quería que entendiera que ir a Él por consuelo es gran cosa. En el fondo, muy poco nos importa el sufrimiento de otros, pero lo peor de todo es que solemos juzgar y condenar al que sufre. Job dice... “mis hermanos me traicionaron”. Es probable que se refiera a sus amigos, a quienes familiarmente seguramente llamaba “hermanos”. Finalmente evalúa las palabras de sus “amigos”: “Pero mis hermanos me traicionaron como un torrente; pasan como corrientes impetuosas que están escondidas por la helada, y encubiertas por la nieve; que al tiempo del calor son deshechas, y al calentarse, desaparecen de su lugar; se apartan de la senda de su rumbo, van menguando, y se pierden. Miraron los caminantes de Temán, los caminantes de Sabá esperaron en ellas; pero fueron avergonzados por su esperanza; porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos. Ahora ciertamente como ellas sois vosotros; pues habéis visto el tormento, y teméis. ¿Os he dicho yo: Traedme, y pagad por mí de vuestra hacienda; libradme de la mano del opresor, y redimidme del poder de los violentos? Enseñadme, y yo callaré; hacedme entender en qué he errado” (Job 6:15-24). La Biblia al día hace una traducción más sencilla y abreviada, dice: «Hermano mío, resultaste tan vano como un arroyuelo, que hincha su corriente cuando hay nieve o hielo, pero en tiempo de calor se desvanece. Se desvían las caravanas buscando en el refrigerio, pero no hallan qué beber, y perecen. Cuando las caravanas de Tema y de Sabá se detienen allí en busca de agua, ven fallidas sus esperanzas. Así han fallado mis esperanzas en ti: tú te apartas de mi aterrado y me niegas tu ayuda. ¿Y por qué? ¿Alguna vez te pedí un mínimo favor? ¿Te he solicitado algún regalo? ¿Alguna vez te pedí ayuda? Una respuesta razonable es todo lo que pido; después, guardaré silencio. Dime, ¿cuál ha sido mi maldad?» (Job 6:15-24). Job usa el ejemplo de las muchas aguas bajo una gran cantidad de nieve, ya que cuando ésta se derrite por el sol, quienes viajaban y abrevaban sus ganados, ya no la encontraban, pero cuando no la necesitaban, estaba allí. De la misma forma, cuando Job no precisaba de estos amigos, eran “amigos”, pero ahora que si le hacía falta ayuda, y siendo que sus bienes corrieron la misma suerte de la nieve cuando se derrite, éstos en lugar de brindarle su ayuda incondicional, lo único que hicieron fue acusarlo... Lo traicionaron. Job les plantea serias interrogantes: “¿Os he dicho yo: Traedme, y pagad por mí de vuestra hacienda; libradme de la mano del opresor, y redimidme del poder de los violentos? Enseñadme, y yo callaré; hacedme entender en qué he errado” (Job 6:22-24). Pareciera que Job se dirige a Elifaz, y dice: «Así han fallado mis esperanzas en ti. Tú te apartas de mi aterrado y me niegas tu ayuda. ¿Y por qué? ¿Alguna vez te pedí un mínimo favor? ¿Te he solicitado algún regalo? ¿Alguna vez te pedí ayuda? Una respuesta razonable es todo lo que pido. Dime: ¿Cuál ha sido mi maldad?» Y siguió diciendo: “¡Cuán eficaces son las palabras rectas! Pero ¿qué reprende la censura vuestra? ¿Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento? También os arrojáis sobre el huérfano, y caváis un hoyo para vuestro amigo. Ahora, pues, si queréis, miradme, y ved si digo mentira delante de vosotros. Volved ahora, y no haya iniquidad; volved aún a considerar mi justicia en esto. ¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿Acaso no puede mi paladar discernir las cosas inicuas?” (Job 6:25-30). Examinemos lo que Job sigue diciendo para hacerles ver a esos amigos el daño que le hacen con lo que le dicen. Pero hay otras palabras también. No todo nuestro vocabulario se reduce a palabras tan destructoras. • Hay palabras agradables: “Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos” (Pr. 16:24). Volvamos a Job 6:26-30: “¿Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento? También os arrojáis sobre el huérfano, y caváis un hoyo para vuestro amigo. Ahora, pues, si queréis, miradme, y ved si digo mentira delante de vosotros. Volved ahora, y no haya iniquidad; volved aún a considerar mi justicia en esto. ¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿Acaso no puede mi paladar discernir las cosas inicuas?” Sería difícil que alguien calificara mejor las palabras de Elifaz, mientras contemplaba el indescriptible sufrimiento de Job: “Discurso de un desesperado”. Palabras “que son como el viento”. Con su manera de hablar les dice... “que os arrojáis sobre el huérfano”. También les dice Job... “caváis un hoyo para vuestro amigo”. ¡Quiera el Señor que cuando recordemos el capítulo 6 de Job, hayamos aprendido algo sobre el cuidado que debemos tener con nuestra lengua, especialmente cuando nos toca alguien que sufre! Antes de visitarlo, ya sea en el hospital o en su hogar, pidamos que el Señor nos dé las palabras adecuadas y que el sufriente sea consolado, fortalecido, ayudado, pero nunca destruido. Si él o ella, es culpable de lo que le ha pasado, debemos dejar esa parte a cargo del Señor. Nosotros no debemos verlos en calidad de juez, sino como hermanos que bien podríamos estar en la misma condición mañana. Tengamos cuidado de no caer en unas de esas trampas donde cayeron los amigos de Job: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Co. 4:5). “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” (Stg. 4:12). Comentarios
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