| Boletin dominical - 28/02/10 |
|
|
|
|
Boletin dominical - (28/02/10) El Señor: «¿Acaso no sabías que yo siempre me ofrecí como tu abogado y en realidad, aunque nunca solicitaste mis servicios, de todos modos yo desempeñé mi función a perfección. ¿Por qué no reconociste esta maravillosa verdad y no te abocaste a mi servicio? Permaneciste acurrucado como un inútil, cuando tenías todas las oportunidades que los demás cristianos que se dedicaron a servirme? ¿Recuerdas lo que yo mandé escribir en 2 Timoteo 2:11-13: ‘Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo’. Yo tengo que ser fiel. Te prometí salvación sin obras y por eso te tengo aquí. Pero también te comuniqué muy a tiempo que, además de la salvación, habría remuneración. Pero tu pecado favorito (¿lo recuerdas?) te mantuvo alejado, lo que por parte mía te pertenecía, si fueras un cristiano consagrado». El cristiano: «Señor, ¿me quieres decir que mi caso se parece al caso de Esaú, quien por un plato de lenteja despreció su primogenitura?». El Señor: «Efectivamente, y ya que mencionaste el caso, te recordaré lo que ocurrió allí: ‘Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas’ (He. 12:15-17)». El Señor: «Así es hijo mío. Quiero que notes cuánta similitud hay entre Esaú y tú mismo. 1) Esaú era hijo de Isaac y tenía los privilegios de un hijo primogénito. El cristiano: «¿Quiere decir que en mí se cumple lo de 1 Juan 2:28?: ‘Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados’. ¡Nunca pensé que esto era tan literal y yo mismo sería el protagonista de un papel tan miserable, triste e irreversible!». El Señor: «Hijo, con todo, tú eres salvo, y permíteme secar tus lágrimas, porque, aunque mucho es lo que pierdes, todavía eres superior en mi reino de lo que era Juan el Bautista en la tierra, con toda la admiración que mereció de miles de seguidores: ‘De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él’ (Mt. 11:11)». A ESTA ALTURA EL CRISTIANO DESPERTÓ... ¡Era solamente un sueño! J. A. Holowaty, Pastor Comentarios
(0)
Tienes que estar logueado para escribir un comentario. Puedes registrate si no tienes ya una cuenta creada.
|



